lunes, 31 de agosto de 2015

SIEMPRE HABRÁ UN MAESTRO

Albert Camus es más que conocido (premio Nobel en 1957 entre otras cosas) menos conocido es que, nacido en Argelia, se crió en un villorrio bastante más que pobre, y si su pobreza no hizo destino fue en buena medida por un maestro -siempre los hay- que prestó su mirada atenta a aquel niño y lo constituyó en parte en lo que luego fue. A ese maestro le escribe Camus una carta cuando gana el premio Nobel de literatura.

París, 19 de noviembre de 1957
Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido. Un abrazo con todas mis fuerzas,


Albert Camus

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