domingo, 27 de junio de 2010

ADOLESCENCIA, EDUCACIÓN Y POBREZA










Los adolescentes con los que trabajamos en Villa Soldati son como todos los adolescentes y diferentes al mismo tiempo. Comparten con sus coetáneos de otros lugares la incertidumbre -que afortunadamente no los perturba tanto como a los adultos- acerca del futuro, se formulan las mismas preguntas sobre ese futuro que incluye -según los momentos y las circunstancias personales y familiares- diferentes grados de duda o confianza acerca de qué quieren estudiar al final de la escuela media y de aquello en lo que trabajarán seguramente mucho antes de terminarla. Esto es así porque nuestros adolescentes se incorporan al mercado del trabajo y del empleo precozmente; de hecho algunos trabajan en actividades de baja calificación y de más bajo salario todavía. Este ingreso temprano en el mundo del trabajo (hay otras precocidades como el embarazo, la participación en actividades no lícitas, por ejemplo) pone en riesgo la continuidad de los estudios.




Así las cosas, nos corresponde formularnos y formular algunas preguntas sobre las condiciones para los estudios superiores y una inserción laboral futura que incluye inevitablemente la trayectoria por la escuela media como requisito. Y, si de condiciones se trata, ¿cómo operar con la estigmatización que una estética y un domicilio personal por el que no se responde con nombre de calle y número de puerta sino cono número de Manzana y número de Casa, implican?




¿Cómo acompañar en el recorrido por la escuela secundaria a partir de un capital cultural más que modesto, y de una trayectoria por una escuela primaria que no logró construir competencias básicas para funcionar en el nivel medio?




Hasta ahora la respuesta que vamos encontrando incluye trabajar sobre los contenidos -siempre presentes en la tarea para la casa- pero como punto de partida para desarrollar las competencias necesarias para que ese trabajo que hacemos con ellos no sea pan para hoy intransferible al mañana o a otros ámbitos. Nos apoyamos en un constructivismo histórico cultural que nos permite generar distintos formatos de trabajo que recuperan la cognición distribuída, las ventajas del trabajo entre pares y la participación guiada de los novatos, de manera que la actividad social es un eje del trabajo. Junto a ello, la reflexión sobre las tareas, sus pasos, y el tipo de actividad que demandan, promueve procesos metacognitivos que entendemos imprescindibles.




Sumamos a ello el reconocimiento respetuoso de las singularidades de todo tipo (culturales, cognitivas, personales) que debe estar en la base de cualquier tranmisión intergeneracional que se pretenda intelectualmente emancipadora y participamos, con nuestros adolescentes, de consumos culturales disponibles en nuestra ciudad; dicho de forma más simple, salimos a pasear.

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